Juan de Lerma
Esta villa nació de una idea muy simple: que la arquitectura no interrumpa el paisaje, sino que forme parte de él. Por eso la llamamos Oasis. Y no podría estar en otro lugar que Sotogrande.
La idea
Cuando nos sentamos por primera vez con el cliente, lo primero que nos dijo fue que quería despertar cada mañana sintiéndose en la naturaleza. No frente a ella, sino dentro de ella. Eso lo cambia todo. Cambia cómo orientas los volúmenes, cómo tratas la cubierta, cómo decides dónde acaba el interior y dónde empieza el jardín.
Cuando nos sentamos por primera vez con el cliente, lo primero que nos dijo fue que quería despertar cada mañana sintiéndose en la naturaleza. No frente a ella, sino dentro de ella. Eso lo cambia todo. Cambia cómo orientas los volúmenes, cómo tratas la cubierta, cómo decides dónde acaba el interior y dónde empieza el jardín.
Trabajamos mucho la horizontalidad. Las líneas de Oasis siguen la topografía del terreno, no la contradicen. Los forjados vuelan para dar sombra sin cerrar las vistas. La piedra que usamos en los muros de contención es la misma que aparece de forma natural en la parcela — eso no es casualidad, es una decisión.
El agua era otro elemento fundamental. La piscina no es un elemento decorativo, es una extensión visual del horizonte. Cuando estás dentro del salón y ves esa lámina de agua alineada con el mar al fondo, entiendes por qué tomamos esa decisión. Y en Sotogrande, ese horizonte siempre te sorprende.
Al final, el lujo de verdad no es la superficie ni los metros cuadrados. Es la sensación de que ese espacio fue pensado exactamente para ti. Eso es lo que intentamos conseguir en Oasis, y creo que lo logramos.
El momento adecuado siempre fue ahora
Habla con quien puede acompañarte en este proceso.
